Desierto

Olga Cebrián
Colaboración de Gopala

El desierto de Gopala
“La poesía del silencio”

¿Qué es el desierto para ti?

El silencio es el desierto 

Busco silencio en el precioso ruido de la vida, busco separarme de las infinitas rutinas que nos absorben, conversar menos, callar más.

Busco correr menos y caminar más. Comer para vivir y no vivir para comer.

No es tarea fácil, pero es posible cuando estamos conectados.

En la búsqueda del silencio, nada como la observación.

Quiero contemplarme,
quiero escucharme
olerme,
palparme,
quiero sentirme
y disfrutarme.

¿Por qué no?

Es posible encontrarnos en el silencio,
en el desierto.

¿Alguna vez has hecho un desierto voluntariamente? Si es así, ¿cómo ha sido tu experiencia?

Cada mañana, cada atardecer busco el silencio, anhelo encontrarlo. En ocasiones aparece, como un vislumbre que aromatiza el espacio, sin buscarlo y te llega como un regalo sin envoltorio, sin decoraciones, como un tenue resplandor.

Pero hay que prestar atención,

pues se escapa buscando otro espacio y otro tiempo.

También hay otros formatos en mi caso, como la enseñanza y sobre todo el aprendizaje del yoga y de la meditación, tal como la aprendí de Swami Vishnudevananda. Todo un lujo continuar con su labor de acción vital. Aprendí de él su imponente silencio activo. Su Maestro, Swami Sivananda, decía que la vida es más poesía que prosa. Trato de poemar la vida, todos los días, no solo en el descanso sino y especialmente, en la acción.

Trato de hablar y actuar desde el silencio.

En ocasiones lo consigo

¿Te has encontrado alguna vez en un desierto involuntariamente?

Sí y es un regalo cuando aparece espontáneamente, cuando no le invitamos mediante un protocolo ordenado y te sorprende a la vuelta de una esquina de la vida. Hay que prestar atención para que te descubra, llevar una señal para que te abrace.

Es delicioso cuando aparece mientras caminas en la ciudad, en el medio del ruido, en el alcorque de un árbol, en una flor que decora el asfalto o en una sonrisa que se cruza camino de la oficina, en la actividad cotidiana.

Lo busquemos o no, un día lo encontramos y aprendemos a caminar y respirar.

Y ese día todo es diferente:

el olor de las flores se hace más intenso,

el agua sabe más fresca,

las miradas de los que te rodean hablan de forma cristalina,

las palabras se hacen poemas,

la comida sabe a gloria

y la lluvia refresca con dulzura.

Ese día, en el que te encuentras en el desierto, aprendes a caminar

y a respirar despacio. Entonces tu cuerpo se hace liviano

y tu mochila se queda en un recodo del camino.

¿Qué es lo principal que has vivido en el desierto?

El aprendizaje de nuestra inmortal grandeza y de nuestra infinitesimal carencia de importancia en el Universo. He aprendido que somos minúsculos en el Universo y que no estamos separados de lo que nos rodea.

El desierto te lleva a la conciencia de la no separabilidad. Vibrar cuando disolvemos poco a poco nuestros límites corporales y sobre todo los mentales. Paseamos por la vida permaneciendo excesivamente vigilantes de nuestra separabilidad y nuestra identificación con demasiados elementos: edad, género, concepción política, cultura, religión, lengua o nacionalidad. Esos límites desaparecen en el desierto. Cuando el silencio aromatiza nuestra vida dejamos de identificarnos con todos esos elementos y nos percibimos como parte del Todo.

¿Habría sido tu vida lo mismo sin el desierto?

No sé qué hubiera sucedido.

No tengo la capacidad de averiguar cómo hubiera transcurrido la vida sin encontrarme en el desierto sereno.

Ni siquiera sé si lo hubiera echado de menos.

Pero sí sé que cuando lo comparto con los estudiantes que se aproximan a la práctica del yoga y de la meditación, cuando declamo o canto poemas en público, el silencio transforma a los que no lo han experimentado.

Y a mí me hace llorar de Prem, amor, de conexión.

¿Qué te llevas en la mochila del desierto?

Un poema. Un poema que regalo en cualquier oportunidad que se presenta. Este este instante es una de ellas. Por ello comparto silencio, mi mejor experiencia:

***

Silencio,
¿Qué tienes amigo?
que tanto me embriaga sentirte,
que tanto me place bañarme en tus aguas,
moldearme en tus brazos amorosos,
regocijarme en tu vibración eterna.

Silencio, 
es tan fácil acompañarte,
estás siempre tan cerca,
que desaparece contigo el sentido del yo pequeño.

Silencio, 
tu fragancia es tan poderosa,
que anula cualquier percepción sensorial,
despide con amor a tus compañeros de viaje,
te excluye dulcemente del ruido,
y te invade de belleza sin límite.

Silencio, 
¿qué tienes amigo?
que cuando camino sin tu perfume,
me siento aprendiz de lo básico,
tropezándome una y otra vez en el mismo estorbo
y cuando bebo de tu vaso sagrado,
se inserta la sabiduría en mis entrañas.

Tu presencia es tan poderosa,
que no deja cabida para otros,
que completa cada espacio del espacio.

Y lo hace despacio,
despacio,
dejando un elixir de sentido común en el ambiente,
que dura…
que dura cuando ya acompañas a otros.

Silencio,
me inclino ante ti,
con respeto sincero,
sin palabras,
en soledad.

Silencio, 
me inclino ante ti,
deseando no desearte,
invitándote sólo a que estés cerca,
muy cerca.

Silencio,
que bien que estás cerca,
muy cerca.

Gopala

Enlace al libro

«El silencio es la lengua del corazón
El silencio es la lengua del sabio
La paz es silencio»

Jose Maria Marquez, Gopala

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